Vivir en la costa tiene ventajas evidentes y un coste dermatológico que rara vez se contabiliza. La exposición solar acumulada es, con diferencia, el factor que más envejece la piel.

La radiación ultravioleta actúa por dos vías. La UVB afecta sobre todo a la epidermis y es responsable de las quemaduras. La UVA penetra hasta la dermis, degrada las fibras de colágeno y desorganiza la elastina, y no la frena el cristal de una ventana.

El resultado se llama fotoenvejecimiento y tiene rasgos reconocibles: pérdida de elasticidad prematura, textura áspera, tono irregular con manchas, y esas arrugas finas que aparecen antes de tiempo. Explica que dos personas de la misma edad tengan pieles muy distintas.

En zonas costeras se suman factores: más horas de exposición, reflexión de la luz sobre el agua y la arena, y una menor percepción del riesgo en los meses templados, cuando el índice ultravioleta sigue siendo alto.

La reparación pasa por estimular la síntesis de fibras nuevas en un tejido dañado. Los tratamientos térmicos que activan la producción de colágeno tienen sentido aquí, y quien busque más información sobre XERF encontrará que suelen plantearse fuera de los meses de más sol y sobre piel sin quemaduras recientes.

Pero ningún tratamiento compensa la exposición continuada. Sin protección solar diaria y sin cambiar los hábitos de exposición, se deshace por un lado lo que se construye por otro.